Los secretos de los pergaminos

El ADN oculto en pergaminos de la Edad Media abre una puerta al pasado

Hasta ahora se había conseguido recuperar muestras de ADN de documentos antiguos con técnicas destructivas. Sin embargo, con estos isopos citológicos no se destruye el pergamino.

Imagen de archivo de un pergamino

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Imaginemos una pequeña ventana que nos permita poner el ojo y ver el pasado con los conocimientos actuales. No es ciencia ficción, es simplemente ciencia. Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte en EE. UU. han descubierto ADN oculto en pergaminos de la Edad Media y lo han hecho a través de una técnica no destructiva.

Cuántos secretos tendrá todavía el pasado para irnos poniendo nuevos alicientes en el futuro. La semana pasada decidisteis que en esta Newsletter redefiniésemos un pellizco de la historia y nos hemos puesto manos a la obra con Enrique Viguera, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Genética, y con Sandra Cerro, grafóloga y perita calígrafa.

Los historiadores y paleógrafos habían centrado hasta el momento su atención en la caligrafía. "La grafología es una técnica que lo que hace es estudiar la personalidad a través de la escritura, a través de los rasgos de la escritura vemos rasgos psicológicos de la persona", nos explica Sandra Cerro. Resulta apasionante pensar que el trazado que plasmas al escribir puede hacerte sonrojar al descubrir cómo eres. Pero cierto es que, como apunta Cerro, "en la Edad Media la mayor parte de la población era analfabeta. La mayor parte de la producción escrita se hacía en los monasterios, en los scriptorium de los monasterios y luego también los documentos legales, civiles, administrativos los hacían los escribanos, los notarios públicos. Iba la gente a que les hicieran los contratos y todo tipo de temas privados, temas de contrato, temas de propiedad, pues los hacían los escribanos. La gente, como mucho firmaba, pero no escribía ni redactaba los documentos".

En el hallazgo que nos ocupa, el foco de atención no se puso en la caligrafía, sino en el soporte, es decir, en el pergamino. Enrique Viguera indica que "los pergaminos se usaron un poco a lo largo de la Edad Media, básicamente desde la caída del Imperio Romano, hasta la época de los descubrimientos. Su sustituto fue el papel, y se hacía a través de pieles de vaca, de oveja, de cabra. Se trataba esa piel y se escribía. Se trata de un tejido biológico y en ese tejido biológico todavía se puede conservar ADN . A través de esas técnicas nosotros podemos extraer ADN e identificar cuál es esa especie, la especie de procedencia. Si ese pergamino se ha conservado en un entorno seco, con una temperatura estable, y oscuro, pues se puede, aunque hayan pasado 1.500 años, se puede extraer parte de ese ADN e identificar a qué especie corresponde".

Viguera se muestra apasionado con el momento que vive la genética en la actualidad, "es una época fabulosa". Cierto es que la investigación de Carolina del Norte no es la primera que se centra en los pergaminos. Hace aproximadamente 5 años, "investigadores de la Universidad de Tel Aviv y de la Universidad de Upssala habían identificado los famosos pergaminos del Mar Muerto, que parte de ellos dieron lugar a las Sagradas Escrituras. Había trozos muy fragmentados y cuando llegaron a analizarlos, se pensaban que todos procedían de cabra, pero se supo que algunos procedían de vaca y de oveja y eso implicaba que lo habían traído de otros sitios. Además, pudieron ensamblar los textos que procedían del mismo tejido. Fue algo muy revolucionario" explica Enrique Viguera.

La novedad ahora es la técnica que utilizan porque no es destructiva. "Dentro de las células tenemos el ADN nuclear y el mitocondrial. Con determinadas técnicas nosotros podemos analizar y llevarnos un tubo de ensayo de ADN. Una vez que secuenciamos ese ADN, nos da un texto que, en una librería de ADN, nos permite identificarlo. Hasta ahora, las técnicas que se usaban eran destructivas, o si no se destruían, implicaba borrado con una goma, extraer fragmentos de ADN y luego identificarlos en el laboratorio. Y ahora, lo que han conseguido es que usando unos isopos, que se utilizan para técnicas citológicas, es posible obtener una calidad similar sin necesidad de destruir la muestra".

La información es oro y el ADN es un caudal de datos. Sin darnos cuenta, dejamos rastros biológicos por todas partes: al beber de una taza, en el cabello que se nos pega al jersey, etc. Si viniese un laboratorio y recogiese dichas muestras, "podría sacar el tono de piel, el color de iris de los ojos, el color del cabello, si esa persona es tolerante o intolerante a la lactosa. Hasta hay empresas que han hecho un retrato robot porque pueden llegar a predecir la forma de la cara. Da susto, por un lado, pero la potencialidad es enorme, por ejemplo, para la policía científica implica un adelanto espectacular", reconoce el profesor.

En el artículo que nos atañe los investigadores se centran en el ADN mitocondrial, pero deja abierta la puerta a que, si somos capaces de tener ADN de suficiente calidad, se pueda identificar el ADN nuclear y "podríamos llegar a identificar la trazabilidad de determinadas plagas, que ya se ha hecho, no quizás de pergaminos, pero sí de restos óseos. Sabemos que hay cementerios en los que han fallecido personas por la mal llamada gripe española o lepra. Es lo que se llama la paleogenética estudio de la evolución a partir de ADN antiguo. Nos hace soñar la capacidad que tiene", sonríe Enrique.

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