Ensayos clínicos
Se necesitan mujeres para romper la 'ciencia bikini' que tiene consecuencias negativas: "El cuerpo de referencia en medicina es el del hombre"
Y tú, ¿participarías en un ensayo clínico? El miedo y quizás también la desinformación pueden estar detrás de los motivos por los que las mujeres han sido siempre las grandes marginadas en el recorrido de la investigación científica.

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Marie Curie no solamente fue la primera mujer sino que también fue la primera persona en recibir dos Premios Nobel. Entre su legado nos dejó lecciones como que "nada en la vida es para ser temido, es sólo para ser comprendido. Ahora es el momento de entender más, de modo que podamos temer menos". Un resumen sencillo y nítido de lo que es la investigación científica que en estos momentos reclama mayor participación de las mujeres.
Un estudio conjunto del Barcelonaβeta Brain Research Center y la fundación Women’s Brain Foundation evidencia que existen diferencias significativas en la disposición a participar en ensayos clínicos para la prevención del Alzheimer entre hombres y mujeres. Investigando un poco más advertimos que estas diferencias no solo se dan en la investigación del Alzheimer si no en todas en general. ¿Por qué ellas no quieren participar en ensayos clínicos? ¿Cuál es la reticencia principal?
Su baja representación dificulta tener información más completa sobre los posibles efectos que ciertos fármacos pueden provocar en las mujeres. La dosis, la seguridad y la eficacia habrán sido testadas en cuerpos mayoritariamente de hombres y esto no solo supone una falta de datos sino que sitúa a las mujeres en cierta posición de desprotección porque hoy por hoy ya no hace falta explicar que los cuerpos de ellos y de ellas no son iguales. Desde la Newsletter de Antena 3 Noticias hemos querido profundizar un poco más en esta realidad y hemos contactado con la doctora Anna Brugulat, investigadora principal del estudio que hemos citado, que depende del centro de investigación de la Fundación Pasqual Maragall.
En 2011 se publicó un informe donde se analizaba el efecto secundario de muchas medicaciones y vieron que las mujeres presentaban más riesgos de estos efectos secundarios que los hombres, pero cuando se revisaban estos ensayos lo que se advertía era que o bien no había mujeres, o el número de mujeres era mucho más pequeño, o no miraban esta diferencia específica de hombres y mujeres. La doctora dice que "ahora esto va cambiando, pero siempre ha sido el cuerpo del hombre, el cuerpo de referencia en la medicina" e insiste en la importancia de que estén incluido ambos sexos igual para disminuir al máximo que haya efectos secundarios". Y puntualiza: "Se debe tener en cuenta muchas identidades".
La marginación de la mujer en el campo de la investigación tuvo un punto de inflexión en el año 1977 cuando estalló la crisis de la talidomida. Este fármaco se recomendaba para paliar las náuseas durante el embarazo y posteriormente se asoció a malformaciones en miles de bebés por lo que fue prohibido. La agencia reguladora estadounidense FDA recomendó entonces que las mujeres en edad fértil no participasen en ensayos clínicos. Un consejo que lejos de prevenir provocó la exclusión generalizada de ellas en la investigación médica.
La doctora Brugulat reconoce que "la duda de cómo los medicamentos han afectado a la capacidad que tenemos las mujeres, esta virtud, que parece que solo existimos para esto que es dar vida, esto lo que hizo es dar un paso atrás muy importante en el sentido de: "no incluyamos mujeres porque no podemos afectar esta capacidad de ser Zeus. ¿Cómo ha afectado esto? Pues que el cuerpo de referencia en la medicina es el del hombre. Hay un término que se llama la 'ciencia bikini' y es que solamente se sabe de la mujer las partes que no están cubiertas por el bikini, de los pechos y las partes inferiores íntimas no se sabe nada porque esto no ha interesado o no se ha podido estudiar bien".
Cierto es que el miedo a provocar daños en el feto ha sido uno de los argumentos de peso que han ido abriendo esta brecha, pero no ha sido el único. Anna Brugulat nos explica que en sus estudios "la media de edad de estas mujeres es de 60 años, por lo tanto, el riesgo de embarazo no lo tienen presente. Inicialmente este estudio se realizó porque vemos que las mujeres presentan más incidencia de la enfermedad de Alzheimer, dentro de estos casos un 62% son mujeres, por lo tanto, sabemos a día de hoy que en todos estos ensayos clínicos el número de mujeres que se han incluido es mucho menor que el de hombres" y añade que cuando quisieron saber qué características eran diferentes para unos y para otros "lo que vimos es el nivel educativo alto que lo asociamos a estar mucho más informadas de los posibles riesgos que pueden tener un ensayo clínico y el otro componente fue el hecho de estar solteras que al final un ensayo clínico implica muchas horas de visitas y el hecho de no tener este apoyo social y familiar dificulta también poder organizarse. Vimos que hay características específicas de las mujeres que hace que sea mucho más difíciles para ellas tener esta predisposición a participar y especialmente a practicar una prueba típica de estos ensayos que es una punción lumbar. Al final una punción lumbar es un procedimiento muy similar al de la epidural, lo único que con la epidural del parto inyectan anestesian y en la punción lumbar sacamos muy poquito líquido cefalorraquídeo, que es el líquido que envuelve el cerebro, claro se puede asociar mucho a si ha habido experiencias traumáticas durante el parto. Por eso decimos que hace falta reestructurar estas estrategias de reclutamiento y dar mucha información para no limitar que ellas puedan participar".
Al preguntarle si remunerar estos ensayos sería una opción, la doctora nos contesta que ya se hace con algunos estudios. "De hecho, la mayoría de ensayos clínicos en las primeras etapas de seguridad del fármaco que son las más peligrosas, porque van introduciendo el fármaco, para ver qué dosis es la máxima tolerada por el cuerpo humano en muchos de esos estudios participan estudiantes de medicina o de enfermería. Aquí sí que hay una remuneración. Aquí hay un incentivo que se debe tener en cuenta".
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