Reencuentros

Emotivo reencuentro entre el camionero que se atragantó en un restaurante de Lleida y su salvador

Guillermo contacta con el hombre que le salvó de atragantarse y comen juntos en el restaurante donde todo sucedió.

El reencuentro entre el camionero que se atragantó y su salvador

El reencuentro entre el camionero que se atragantó y su salvadorDiari Segre /Roger Barragan

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No todas las historias tienen un final feliz, pero la de Guillermo sí, ¡y doble!: hace una semana, un hombre le salvó de ahogarse tras atragantarse; y ahora, ha podido ponerse en contacto con él y darle las gracias.

Todo fue gracias a la carta que escribió el camionero en el diario provincial de Lleida, Segre, buscando a su salvador: Paco González es el héroe de esta historia. El hombre le hizo una maniobra de Heimlich a Guillermo, una técnica básica de primeros auxilios que permite desobstruir el conducto respiratorio, que puede haberse bloqueado por un trozo de comida u otra causa.

Todo sucedió hace dos lunes, en el restaurante Casa Aurora, ubicado en el polígono El Segre de Lleida. Aquí, el caprichoso destino quiso que sus caminos se encontraran. Paco, vecino de Molins de Rei (Barcelona), reaccionara rápido cuando vio al camionero de Valls con aspecto extraño y sin reaccionar a las preguntas que le hacía: se estaba ahogando.

El camionero de 60 años llegó a perder el conocimiento, pero gracias a la maniobra de Heimlich, su vida se salvó. Guillermo consiguió darle las gracias, pero no pudo ni preguntarle a su salvador su nombre, por el shock del momento.

Es entonces cuando empieza la segunda parte de la historia: el camionero Guillermo vuelve prácticamente a diario al bar para reencontrarse con su héroe. "Mientras regresaba a Valls con el camión, pensé: '¡Este tío me acaba de salvar la vida! '", recuerda al diario de Lleida.

Los responsables del restaurante le dijeron que no lo conocían porque no era un cliente habitual, pero él les dejó su número de teléfono por si había suerte y volvía. No volvió. Sabiendo que las cosas no podían quedarse así, Guillermo no dudó a escribir una carta a Segre "porque la cosa no podía quedar así": les pidió el favor de que este diario le ayudara haciendo difusión de ella.

Y así lo hicieron, gracias a la carta que publicó Segre, ambos pudieron reencontrarse: "no soy creyente pero fue cómo un ángel. Estaba en el lugar y en el momento justo. Me ha salvado la vida", les dijo Guillermo. Por su parte, Paco -el salvador- no fue consciente de la magnitud de lo sucedido hasta que no leyó la carta, aunque reconoce que se emocionó mucho.

El reencuentro fue muy emotivo para ambos: "apareció el héroe sin capa que me salvó la vida", dijo Guillermo al ver a Paco, según recoge el diario de Lleida. En esta ocasión, ambos decidieron comer para celebrar lo sucedido y compartieron mesa en el restaurante, también junto a la mujer de Guillermo. Eso sí, fue una comida sin sustos.

La historia milagrosa

La mañana en la que todo sucedió, Paco, el vecino de Molins de Rei, había tenido una reunión de trabajo en Lleida que se alargó y decidió ir a comer a este bar.

Mientras esperaba a ser atendido, fue al baño y justo pasó por el lado de la mesa de Guillermo, lo que le permitió ver que tenía mala cara mientras comía. "Le pregunté si se encontraba bien, pero no me respondió”, recuerda Paco para Segre. “No me lo pensé dos veces, actué por instinto”, asegura.

El camionero por su parte recuerda que no fue consciente del peligro hasta que notó que se iba a desmayar. "Me puse de pie de un salto, intentando desesperadamente expulsarlo. El resto de comensales no sabían qué me estaba ocurriendo, pero entonces pasó un hombre de unos 45 años que ya se iba, se dio la vuelta y me hizo la maniobra de Heimlich", recuerda para el periódico. Llegó a pensar que perdía la vida.

El constructor de Valls admitió que nunca había practicado la maniobra a una persona, pero por su trabajo, relacionado con la construcción y mantenimiento de líneas de alta tensión, recibía formación en primeros auxilios constantemente.

Guillermo ya había perdido el conocimiento, pero gracias a la repetición de esta maniobra en tres intentos intensos -tanto que le dejaron un hematoma-, el trozo de comida que le obstruía el esófago salió de golpe. "Pude pegar una bocanada de aire, pero me había quedado en shock", explica el camionero al periódico Segre, que reconoce que estuvo "temblando como un flan durante rato".

El camionero de Tarragona consiguió darle las gracias, pero no pudo ni preguntarle a su salvador su nombre, debido al susto.

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