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Así envejeces si no haces deporte: Las 7 consecuencias de una vida sedentaria
No hacer ejercicio físico tiene consecuencias graves desde los primeros años. Nuestro estilo de vida va a determinar nuestro presente y futuro. Aquí tienes un resumen de las principales consecuencias del sedentarismo.

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La juventud es maravillosa, nos encontramos ágiles, no nos duele nada y nos sentimos inmortales. Pero a medida que pasa el tiempo empezamos a notar las consecuencias de los hábitos que hemos mantenido a lo largo de los años, tanto para bien como para mal. Hemos hablado en innumerables ocasiones de los beneficios demostrados para la salud de la práctica de ejercicio físico y ahora vamos a ver las consecuencias del sedentarismo.
La ACSM (American College Of Sports Medicine o Colegio Americano de Medicina del Deporte) señala beneficios estudiados como el control de la tensión arterial, la ansiedad y la depresión.

Es momento de hacer cuentas de lo que nos resta el sedentarismo o la siempre ausencia de actividad física habitual en nuestra vida:
Crece el riesgo de mortalidad por cualquier causa
No hay consecuencia más grave que la muerte y, efectivamente, el sedentarismo aumenta la mortalidad. Concretamente, las personas sedentarias tienen un 20-30% más de riesgo de mortalidad que las personas activas, tal y como afirma la Organización Mundial de la Salud.
El ejercicio físico reduce el riesgo de muerte por cualquier causa relacionada con la salud, así como la incidencia de todo tipo enfermedades. Repasemos algunas de ellas.
Sin ejercicio crece la probabilidad de padecer cáncer
La Sociedad Española de Oncología Médica especifica que el deporte puede prevenir gran cantidad de tipos de cáncer como el cáncer de mama, colon, vejiga urinaria, endometrio, esófago y estómago. El riesgo se reduce hasta un 30% y la mortalidad por cáncer disminuye hasta un 20% en personas activas.
Además, hacer ejercicio no es solo útil y necesario para prevenirlo, sino también para combatirlo. De hecho, los pacientes oncológicos que entrenan mejoran su calidad de vida y sufren menos efectos secundarios derivados de los tratamientos. Esto se debe a que mejoran su capacidad cardiorrespiratoria y reducen su fatiga.

No hacer deporte augmenta el riesgo de diabetes
La actividad física y ejercicio físico previenen la diabetes, pero además ayudan a controlarla en personas que ya la padecen. En el ámbito de la prevención, la ciencia ha comprobado en repetidas ocasiones que estar activo puede reducir el riesgo de padecer diabetes mellitus entre un 43 y un 69%. Cifras nada desdeñables.
Con respecto a personas que ya padecen la diabetes, cabe destacar que el ejercicio físico aumenta la sensibilidad a la insulina, mejora la tolerancia a la glucosa y mejora el perfil lipídico
La ausencia de ejercicio tiene relación con hipertensión y cardiopatías
La hipertensión arterial es un factor de riesgo modificable de enfermedad cardiovascular, es decir, podemos actuar para prevenirla y evitar sus consecuencias.
Por ejemplo, realizar ejercicio aeróbico con una intensidad baja o media ayuda a controlar la tensión arterial, llevando incluso a reducirla a valores normales. Como puede intuirse, también es positivo entrenar fuerza.
Las pautas de ejercicio tienen que ajustarse a cada persona, pero no entrenar es la peor de las opciones para prevenir y controlar el aumento de la presión arterial.

Movilidad limitada a lo largo de los años
La fuerza y resistencia son capacidades físicas básicas, fundamentales para tener una buena salud y calidad de vida. Ambas sufren un deterioro con el paso de los años, consistente en:
- Fuerza: La máxima fuerza se consigue a los 30 años, se mantiene o reduce ligeramente a los 40 y 50 años y, a partir de esa edad, se reduce en un 12-15%. Esta pérdida de fuerza es mayor en el miembro inferior (piernas y glúteo) que en el superior (brazos y tronco).
- Resistencia: Esta capacidad física empieza a perderse a los 30 años a un ritmo aproximado de un 10% por década, incrementándose la pérdida hasta un 20-25% a partir de los 70 años.
Todos queremos vivir muchos años y disfrutando de la vida. Para poder disfrutarla necesitamos ser independientes y autónomos, beneficios que perdemos con la disminución de la fuerza y la resistencia.
Aunque a priori no pueda parecer grave, este deterioro es la base de consecuencias muy importantes para la salud. Los porcentajes son estimaciones medias que pueden atenuarse notablemente con ejercicio físico, pues favorece que esta evolución negativa sea mucho más lenta.
Si reflexionamos y pensamos en una persona mayor, ¿qué le limita para sentarse y levantarse de la silla o del sofá? La fuerza. Si no entrenamos, perdemos masa muscular y, con ella, capacidad de levantar nuestro cuerpo, mover peso, empujar cosas… Todo aquello que facilita la calidad de vida.

Más enfermedades óseas y reumatológicas
El ejercicio físico es la única "píldora" que ayuda a prevenir todo tipo de enfermedades y está al alcance de todos. Ser sedentario no solo aumenta considerablemente la probabilidad de sufrir enfermedades, sino que además la calidad de vida va a ser inevitablemente peor.
Las enfermedades reumatológicas son otro de los frenos recurrentes al envejecer, y también en su evolución la actividad física juega un papel crucial. La actividad física puede tener un efecto equivalente al de la medicación en el desarrollo de este tipo de patologías.
Por otro lado, el sedentarismo también deteriora la calidad del hueso, se reduce la densidad mineral ósea, aumenta la probabilidad de sufrir osteoporosis y, por lo tanto, eleva el riesgo de sufrir una fractura ante una caída o golpe. Las fracturas en personas mayores tienen en muchas ocasiones consecuencias terribles, porque la incapacidad provoca inevitablemente un deterioro más rápido e irreversible.
El sedentarismo y su relación con las enfermedades mentales y neurodegenerativas
Existe una conexión estrecha entre la salud de nuestro cuerpo y la de nuestro cerebro. El deporte no solo reduce el riesgo de padecer ansiedad y depresión, padecimientos determinantes en nuestra calidad de vida, sino que de hecho produce un efecto preventivo en el desarrollo de enfermedades como el Alzheimer.
No podemos evitar el componente genético que nos predispone a desarrollar ciertas patologías, pero tenemos la capacidad de compensar por el lado que sí está en nuestra mano. Si afectaciones como la hipertensión, el colesterol y la diabetes elevan el riesgo de padecer daños neurodegenerativos, un estilo de vida activo servirá como freno en muchos casos. Y cuanto antes comencemos a movernos, mejor será la probabilidad de recibir todos sus efectos beneficiosos.
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