PROBLEMAS DE GARGANTA

¿Cuándo se recomienda operar a los niños de las amígdalas?

La operación de amígdalas (o amigdalectomía) es un procedimiento común en niños que puede generar muchas dudas en los padres. Ya sea por infecciones recurrentes de garganta, apnea del sueño u otros problemas médicos, la decisión de someter a un hijo a esta cirugía no siempre es fácil. En este artículo hablaremos de qué son las amígdalas, en qué casos se recomienda extirparlas y en qué consiste la intervención.

Doctora palpando las amígdalas a una niña

Doctora palpando las amígdalas a una niñaiStock

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Las amígdalas son unas masas de tejido linfático que se encuentran a ambos lados de la lengua, en la parte posterior de la garganta y que se pueden observar a simple vista si el niño abre bien la boca. Son una parte importante del sistema inmunitario, ya que son la primera línea de defensa cuando hay alguna infección en la vía aérea superior.

Hay niños que tienen hipertrofiadas las amígdalas, siendo estás más grandes de lo normal, incluso a veces contactan en el centro de la faringe, lo que puede provocar algunos problemas respiratorios, del sueño o infecciosos.

¿En qué casos se recomienda operar de amígdalas a los niños?

Las indicaciones de amigdalectomía incluyen:

  • Infecciones recurrentes de garganta
  • Síndrome de apnea obstructiva del sueño
Niña mostrando las amígdalas
Niña mostrando las amígdalas | Freepik

Las infecciones de garganta o anginas son muy frecuentes en los niños y tienden a mejorar con el paso del tiempo, por lo que antes de recomendar una amigdalectomía debemos observar la verdadera frecuencia de estas infecciones durante un mínimo de tiempo de un año.

Las infecciones de garganta bacterianas incluyen fiebre elevada, placas de pus en la garganta y ganglios inflamados en el cuello.

De forma general podría estar recomendada una amigdalectomía cuando la frecuencia de estas infecciones es mayor a:

  • Siete episodios en el último año
  • Cinco episodios al año durante 2 años
  • Tres episodios por año durante 3 años.

En los últimos años, los criterios infecciosos han perdido fuerza a la hora de indicar una amigdalectomía, siendo el criterio preferente los síntomas de obstrucción respiratoria.

El síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS) se debe al aumento de tamaño de las amígdalas que ocasionan que cuando el niño está dormido obstruyan la entrada de aire, produciendo ronquido, respiración bucal y pausas respiratorias. Estas pausas pueden durar varios segundos y ocurrir múltiples veces durante la noche provocando microdespertares, empeorando la calidad del sueño y pudiendo tener consecuencias sobre la salud como falta de atención y concentración, bajo rendimiento escolar, retraso del crecimiento y somnolencia diurna.

Para diagnosticar un SAOS los médicos debemos preguntar por estos síntomas a los padres y se confirma con la realización de una polisomnografía nocturna que mide la frecuencia y duración de estas pausas respiratorias durante la noche.

Médico examinando las amígdalas a una niña
Médico examinando las amígdalas a una niña | iStock

¿En qué consiste la amigdalectomía y que riesgos tiene?

La cirugía para quitar las amígdalas se plantea en niños a partir de 3-4 años para mantener la función defensiva de la vía respiratoria durante los primeros años de vida y porque en ocasiones las amígdalas pueden disminuir de tamaño cuando el niño crece mejorando los síntomas.

La operación se realiza con anestesia general y los otorrinolaringólogos extirpan completamente las amígdalas a través de la boca.

Los días posteriores a la operación el niño puede presentar un dolor de garganta intenso que le impida comer y beber, por lo que es muy importante administrar medicamentos para el dolor y asegurar una adecuada ingesta de líquidos para evitar que el niño se deshidrate. Se recomiendan alimentos fríos y de fácil masticación: yogures, gelatinas, helados, fruta triturada…

Se indicará reposo en casa durante 7 días y evitar esfuerzos físicos durante 2 semanas.

El mayor riesgo de la cirugía de amígdalas es el sangrado del lecho operado, ya que puede ser muy abundante y grave. Puede ocurrir en las primeras 24 horas tras la operación o entre el 5º y 10º día tras la misma por la caída de las costras en la zona operada. Si hay sangrado se puede proponer al niño que beba agua fría o chupe un hielo, pero se debe consultar de forma urgente si el sangrado es abundante o persistente. Los esfuerzos físicos intensos antes de que la herida haya cicatrizado completamente, la tos excesiva o alimentos muy duros o calientes pueden favorecer el sangrado tardío.

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