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Robert De Niro, sin descanso, sigue repleto de proyectos

La cara más conocida de la mafia hollywoodiense cumple hoy 70 años

Robert De Niro, consolidado actor estadounidense, cumple hoy 70 años. Desde sus primeros personajes angustiados, propios del mundo del crimen, hasta las últimas comedias, De Niro nos ha regalado un sinfín de joyas que, a modo de brillantes interpretaciones, han acompañado a numerosas generaciones desde sus comienzos en la década de los setenta. Hollywood celebra hoy el cumpleaños de una de las figuras más reconocidas en el panorama cinematográfico internacional que sigue, como en un principio, con el bolsillo plagado de proyectos.

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Los 70: Unos inicios revolucionarios
Cuando Hollywood se encontraba en un momento un tanto plano, Robert de Niro llegó al cine de la mano de Martin Scorsesse o Francis Ford Coppola para debutar por todo lo alto. El actor de la Little Italy demostró su capacidad camaleónica en papeles que tenían el denominador común de una psicología atormentada y violenta. Y dio la talla. Su compromiso con los personajes lo llevó al límite de vivir, rol tras rol, los avatares que habrían de impulsar a su yo ficticio.

Ya en 1974, el actor hubo de refugiarse en Sicilia con el objetivo de aprender italiano, pues Vito Corleone, el personaje que interpretaría en la segunda entrega de El Padrino y que le valdría el Oscar al mejor actor secundario, necesitaba de un acento venido de la bota mediterránea. Dos años después, para dar vida al Travis Bickle de la reconocida Taxi Driver, De Niro consiguió un trabajo de tres meses como taxista en la ciudad de Nueva York.

Otra estatuilla dorada, esta vez por su trabajo como actor principal, le llegó poco tiempo después por su aportación a ToroSalvaje, donde, estrenada en 1980, interpretó al mítico boxeador retirado Jack La Motta, con el que se comprometió también a fondo. Para el personaje, además del esfuerzo de interpretación ya típico en el actor, Robert se vio obligado a engordar hasta 30 kilos, necesarios para el volumen del rol de La Motta.

Los 80: De Niro también sonríe
La década ochentera comenzó bien para De Niro. Después de unos 70 marcados por los galardones y el reconocimiento internacional de mano de personajes duros y con cierto desequilibrio y agresividad, un cambio de registro mostró a un De Niro muy distinto. El rey de la comedia, de Martin Scorsesse, llevó a nuestro actor a interpretar a Rupert Pupkin, un cómico obsesionado con el éxito.

En 1987, el de la pequeña Italia volvió de nuevo a su faceta mafiosa de mano del personaje de Al Capone, el gánster por excelencia del Chicago de la Ley Seca. La película Los intocables de Eliot Ness, dirigida por De Palma, se constituyó así como otro hito en su larga carrera hollywoodiense.

Los 90: Acumulando reconocimiento internacional
De nuevo entre los bajos fondos del crimen organizado, el neoyorquino comenzó la década de los noventa con la interpretación de Jimmy Conway en la película Uno de los nuestros, donde de nuevo se ponía en la piel de un miembro de la mafia, a la que parecía haber cogido el gusto. El mismo año, 1990, estrenó además Despertares junto a otro grande del Hollywood de siempre, Robbie Williams, de quien interpretó el papel de paciente adolecido de catatonia. Tan solamente un año después, se vistió de ira y venganza para dar vida al Max Cady de El cabo del Miedo.

Esta época sirvió también a Robert para encontrar una nueva faceta del cine en la que pareció sentirse cómodo: la dirección. Así, en 1993 se estrenó como director de Una historia del Bronx, filme donde encontramos el lado más tierno y dramático del mundo de los gánsteres de los años sesenta. En la película, De Niro, además de director, interpretó al honrado conductor de autobuses Lorenzo Anello.

Cambio de milenio y de trayectoria profesional
Con los primeros años del siglo XXI, el actor se desvió a otros derroteros que lo apartaron levemente de su camino habitual como actor prestigiado. La influencia que sobre De Niro ejercieron los atentados del 11 de septiembre empujó al estadounidense a la búsqueda de alicientes para la rehabilitación del Lower Manhattan. Fiel a su profesión, Robert se embarcó en un proyecto duro para el que no siempre contó con el apoyo económico necesario: el Festival de Cine de Tribeca, que había fundando en 1988 junto a Jane Rosenthal.

Su carrera cambió así hacia papeles más distendidos. De un lado, el duro suegro de Gay LoFollen y antiguo agente de la CIA en Los padres de ella y Los padres de él, de otro, el Amadísimo Líder de Las aventuras de Rocky y Bullwinkle o Mitch Preston, policía compañero de Eddie Murphy en Showtime. En 2006, además, su faceta como director volvió a hacerse púbica gracias a su película El buen pastor.

Las últimas andanzas
De Niro parece haber cogido un gustillo especial por la comedia. En 2012, así, estrenó El lado bueno de las cosas, comedia dramática que le valió una vez más la nominación a los Óscar. Esta propensión a papeles humorísticos, sin embargo, no lo alejan del eterno amor por los personajes mafiosos donde lo tenemos más que situado. Así, ambas facetas se unen en The Family, cuyo estreno previsto para este otoño ya ha suscitado altas expectativas.

Otros proyectos ya firmados verán la luz durante el próximo año: Last Vegas, GrudgeMarch o TheGoodHouse, esta última, para la pequeña pantalla de la mano de la HBO, donde interpretará al estafador BernardMadoff. Las ofertas se acumulan en el haber del polifacético septuagenario, que parece no haberse planteado ni un minuto de descanso entre la gran y pequeña pantalla.  ¡Felicidades, Robert!

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